Compartir
Introducción

Hay momentos en los que el cuerpo dice basta antes que la mente. Y la mente, cuando finalmente cede, lo hace sin avisar.

Tras meses cuidando a su madre postrada y gestionando el deterioro cognitivo de su hermana, Pau Company llegó al límite. Sin tiempo propio, sin margen para respirar. La solución no vino de un médico ni de un libro de autoayuda. Vino de una búsqueda rápida en internet, un apartamento en Málaga y un billete de avión.

Lo que sigue es el relato honesto de un escape necesario. Un hombre que apenas había volado dos veces en su vida. Un avión que parecía sacado de otra época. Un amigo esperando en el aeropuerto, aunque no exactamente donde debía. Y una terraza frente al Mediterráneo que prometía, por fin, silencio. Este es el primer capítulo de una historia sobre supervivencia, libertad y la importancia brutal de cuidarse uno mismo.

Introducción: La Cala del Moral: Un Año despues de Altea.

El 2023, qué añito. Difícil no, lo siguiente. En octubre, la vida decidió darme otra bofetada. Mi madre sufrió una trombosis pulmonar que, aunque la superó, la dejó postrada en cama sin poder moverse. Desde entonces, la cama es su mundo y caminar es solo un recuerdo.

Para añadirle un toque de ironía, mi hermana Marta empeoró muchísimo en su estado cognitivo. ¿Responsabilidades? Todas para mí. ¿Tiempo para mí? Ninguno.

Pero no me quejo. Es mi familia y es mi responsabilidad, ¿verdad?

El Estrés se Acumula, solución: La Cala del Moral: Un Año despues de Altea.

La situación descrita anteriormente (evitemos entrar en detalles sórdidos) me llevó a niveles de estrés personal extremos, dedicando tiempo a resolver los problemas de cada una de ellas (y los míos propios, claro está). Desde octubre hasta ahora, he acumulado tal grado de ansiedad que estaba al borde del colapso, una vez más.

Esa opresión en el pecho, la falta de sueño y, sobre todo, la carencia de tiempo para mí mismo, me recordaban el colapso mental que sufrí el 7 de febrero de 2023 (por si quieren más drama, aquí está el enlace: https://paucompany.es/cuando-la-mente-dice-basta/).

Finalmente, me dije a mí mismo ¡BASTA YA! Necesitaba tiempo para mí y, sin pensarlo demasiado, me conecté a internet para buscar algún lugar en una playa de la península.

Málaga: La Cala del Moral

Después de una búsqueda rápida y gracias a un contacto en redes, Eva Durán, y mi amigo Jesús Cuevas, encontré un apartamento chulo en La Cala del Moral, Málaga. Cualquier hotel en plena temporada era una locura (2.400€ por 15 días, una ganga), así que este apartamento era perfecto.

Una playa a unos 10 km de la capital que me enamoró a primera vista.

Tomar el Avión

Decidí tomar un avión para aprovechar más el tiempo, ya que conducir desde Valencia a Málaga son unos 640 km y al menos 6 horas al volante. Un reto para mí, ya que solo había volado dos veces: una a Mallorca con mis padres y hermana de niño, y otra a Canarias de adolescente.

El miedo no era a volar, sino a todo el protocolo previo al embarque. Mi vuelo salía a las 8:00, así que me tocó madrugar y coger un taxi reservado desde Carpesa hasta el aeropuerto de Manises, con dos horas de antelación.

El Aeropuerto

Llegué a Manises, nervioso y cargado con un maletón de mano, el portátil y mi bolso. El mostrador número 22 era mi objetivo. Pasé el primer “filtro” y no facturé el equipaje para evitar el protocolo de recogida en Málaga. La recepcionista me indicó la puerta de embarque nº 21 y el filtro de seguridad.

Sin tener ni idea de qué hacer, pregunté a una chica detrás de mí, quien me explicó amablemente el procedimiento de seguridad. Pasé el control, pero el maletón contenía champú y espuma de afeitar que no pasaron el control de líquidos. Vi cómo los tiraban en un triturador. ¡Genial!

Solo quedaba dirigirme a la puerta de embarque y esperar el vuelo.

El Avión de 1975

Llegó el momento de embarcar. Imaginaba un avión moderno, pero no. Parecía un juguete, con hélices gigantes y ventanillas pequeñas, igualito al de mi primer vuelo a Mallorca. Un déjà vu total.

La Cala del Moral: Un Año despues de Altea.

Me senté en el asiento 10F, junto a la ventanilla, igual que en mi primer viaje. Las azafatas nos mostraron las instrucciones de emergencia y el avión despegó con un ruido potente. La fuerza del despegue me pegó al asiento. ¡Inercia pura!

Y ya estábamos en el aire. No había vuelta atrás.

La Llegada: Ricardo

Llegamos antes de que me diera cuenta y, al tomar consciencia, caminaba hacia las llegadas con mi maletón y portátil. Una semana antes, había apalabrado con mi amigo de redes Ricardo que me recogiera en el aeropuerto. Él estaba acampado cerca de mi apartamento.

Salí al exterior, busqué con la mirada a Ricardo, pero no lo veía. Llamé varias veces y no contestaba. Empecé a pensar en alternativas: taxi, Uber, etc. Finalmente, sonó mi móvil y era Ricardo. Me indicó dónde estaba y, tras varios intentos, ¡bingo!

A bordo de su furgoneta, «El Cocherito», nos dirigimos al apartamento, que resultó difícil de encontrar, pero finalmente lo logramos tras preguntar a un vecino.

El Apartamento, La Cala del Moral: Un Año despues de Altea.

La primera impresión del apartamento fue muy buena. Las fotos de Booking eran precisas: pequeño, chulo y con todo lo necesario para 13 días. Nevera, hornillo eléctrico, cafetera, tostadora y microondas. Todo justo y necesario.

La terraza tenía unas vistas al mar envidiables, con butacones, sombrilla, mesa de mimbre y una brisa fresca por la tarde. El cuarto tenía una cama cómoda, un ventilador y un lavabo completo con una gran ducha.

En la parte superior había un sillón, mesa, silla, SmartTV y todo listo para escribir este artículo.

Primera parte de la aventura completada. Acomodado y listo para contarles más en los siguientes artículos.

Enlace de interés: La Cala del Moral: Un Año despues de Altea.

https://www.malaga.es/es/laprovincia/naturaleza/lis_cd-4389/la-cala-del-moral

La Cala del Moral: Un Año despues de Altea. · Conclusiones

Escapar no es rendirse. Es, a veces, el acto más valiente que uno puede cometer. Pau Company eligió romper el ciclo antes de quebrarse por completo. Un apartamento en Málaga, un avión antiguo y un amigo en furgoneta fueron suficientes. A veces lo extraordinario cabe en cosas muy pequeñas.

Lo que este relato demuestra va más allá del viaje. Demuestra que cuidar de los demás sin cuidarse uno mismo no es virtud. Es autodestrucción lenta. La sociedad glorifica el sacrificio continuo. Nadie aplaude al que dice basta. Y sin embargo, ese momento de pausa puede ser la diferencia entre seguir adelante o derrumbarse del todo. La salud mental no espera. No negocia. No da segundas oportunidades indefinidamente.

¿Cuánto tiempo llevas posponiendo ese momento para ti mismo, convenciéndote de que primero debes resolver todo lo de los demás?

Deja un comentario

IMPORTANTE: Debes marca esta casilla para aceptar nuestra política de privacidad para comentarios y poder enviarlos.

*Información básica sobre Protección de Datos Responsable: Pablo Sanchez Company Finalidad: Envío de información solicitada y gestión de suscripciones al blog, envío de ofertas, promociones o información sobre servicios que ofrece www.paucompany.es Legitimación: Consentimiento del interesado Destinatarios: Mailchimp como plataforma de envío de newsletters recibirá datos para gestionar las suscripciones.

  • Hosting: Contabo Hosting para el alojamiento de este sitio web, dentro del cual se guardan las bases de datos:
    Aschauer Str. 32a, 81549 München, Alemania.El teléfono de contacto es : +49 89 356471771
    Mail:SUPPORT@CONTABO.COM

 

Se puede consultar la Política de Privacidad de privacidad de CONTABO Aquí: Política de privacidad de Contabo

. Derechos: A acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos detallados en nuestra política de privacidad. Información adicional: Disponible la información adicional y detallada de mi web www.paucompany.es en la páginas Política de privacidad, política de cookies y Aviso Legal. 

  *

Verificación anti-spam

Resuelve el cálculo para poder publicar tu comentario